Animalistas boyacenses saludan Política Pública de Protección Animal.

IMG_1878A propósito de la buena nueva, la historia de Fundación Salva, expresión de trabajo con infinito amo.

Antes de descansar cada noche, Karen Molano tiene 130 razones para suspirar; los mismos 130 pensamientos que apresuran su andar al despertar antes de las 5:00 am todos días desde hace cuatro años.

En el año 2012 ante la necesidad de ubicar un espacio propio donde Pandora, Muñeca, Matilda, Manolo, Noé, Pato, Amelia y Juancho pudieran correr, jugar, escarbar arena, tomar el sol y algunos chapuzones de agua para refrescarse, su familia le prestó una casa que tiene un patio de tamaño adecuado, a las afueras de Oicatá.

Aquel es el destino cotidiano de Molano y un valioso equipo voluntario de todas las edades. Ellos al llegar a la que fue convertida en la casa de la Fundación, abren sus puertas para darle los buenos días a peludos cuadrúpedos de distintos tamaños y colores. Son 130 caninos rescatados de las más inimaginables situaciones que van desde abandono en carreteras y tras haber sido atropellados, hasta abandono y desnutrición crónica, es decir con la piel pegada a los huesos, aún en viviendas con personas.

Los 130 amores, como les llama Molano, médica veterinaria egresada de la UPTC, mueven sus colas y el resto de sus cuerpos con tal emoción siempre que llega alguien a su casa, que es difícil evitar contagiarse.

Una vez allí, mientras avanzan las primeras horas de la mañana, el equipo se asegura que todos desayunen y nadie aproveche para gruñir y comer de otro plato que no sea el suyo; suministra los respectivos medicamentos a los canes que los necesiten y continúa labores. El aseo es diario, así como la limpieza de las cobijas que les protegen del frío de la noche y la madrugada. Al atardecer se repite el proceso, pero en lugar de salir de la casa, los peludos ingresan.

La doctora Karen Molano cuenta con el apoyo de reconocidos médicos veterinarios como el doctor Luis Chávez, director de Asmevet, para la realización de procedimientos quirúrgicos y tratamientos; para salvar vidas. Por otro lado, gracias al respaldo de Bioquímica de Colombia, ella puede esterilizar al mes en promedio 12 animales, entre hembras y machos, y contribuir a reducir el número de seres considerados menos que cosas, dejados a merced de la calle. Igualmente, un número significativo de cirugías son posibles debido a la colaboración de madrinas y padrinos de la Fundación.

Rescatar, recuperar y asegurar un hogar cariñoso y responsable, es decir una nueva y definitiva oportunidad a los peludos, es el propósito de este proyecto grandioso, con resultados reales y palpables. Pero no todos los animales dejan la casa; algunos por su edad o condición física, se quedarán en Salva como Kika, Teo, Luz, entre otros.

Nadie dudaría un solo segundo acerca de las convicciones de una mujer que logra devolverle la confianza en la humanidad a la persona más escéptica y desesperanzada.

El trabajo es permanente. Los domingos son días de receso no para el equipo sino para los 130 amores de cuatro patas. Este día por lo general, el número de voluntarios aumenta. Muchas manos son necesarias para bañarles, peinar su pelaje, lanzarles la pelota y llevarles a pasear por el extenso campo que rodea la casa de la Fundación Salva.

“Cuando las personas conocen nuestra labor, entienden su importancia y no dudan en sumarse a esta causa. Una actitud solidaria con los animales y demás las especies, es lo que hace que el mundo sea realmente humano. Sin su ayuda no podríamos continuar salvando vidas”. Señala la doctora Molano.

En varias ocasiones el equipo se divide: unos van a la casa de Fundación y otros buscan maneras que garanticen la existencia a sus habitantes peludos. Todos ahora aseguran sentirse felices, porque gracias al gobernador Carlos Andrés Amaya Rodríguez, quien radicó al atardecer del martes 13 de junio en la Asamblea de Boyacá, la Política Pública de Protección Animal, garantía del inicio de la construcción social basada en el respeto por todas las formas de vida.

En Tunja la ciclovía de la Avenida Universitaria, el Parque Recreacional, la Plaza de Bolívar, colegios y universidades, son los lugares más frecuentados por este grupo de animalistas de camiseta negra con un logo blanco y azul marino que dice ‘Fundación Salva´, quienes se propusieron ayudar a los animales más vulnerables. Por eso le cuentan a la gente sobre la iniciativa, venden agendas, llaveros, monederos, bolsos y botones; realizan rifas, conciertos, fiestas, cenas y van hasta donde tengan que hacerlo en busca de concentrado, medicamentos y recursos para el pago servicios como luz, agua y seguridad.

La Fundación Salva alberga máximo 130 canes. Ese es su tope. La mayoría superan o superaron episodios de maltrato, desnutrición, problemas de piel o traumas musculares y óseos tras haber sido atropellados y dejados a la deriva en cualquier carretera. Sin embargo, no siempre es así. Esta historia tiene partes muy tristes… cualquier vida perdida hace mella en el equipo. Gabito, Jerri, Lula, Solecito, Ramón, Vikina, Lucas, Delia, Marco, Ardilla, Claudia, Lázaro, Gerónimo, Tormenta, Tomás, Black, Luna y Luchita permanecerán en la memoria y el corazón del equipo.

Si en este punto se preguntan por las formas en las que pueden contribuir, les diremos. Se puede visitar la casa en Oicatá y conocer a los animales rescatados; se puede ser voluntario permanente u ocasional; se puede donar concentrado, medicamentos, cobijas o efectivo; se pueden difundir los contenidos de la Fundación a través de las redes sociales; se puede apadrinar uno, dos, tres o los que sean posibles; se puede, una vez decidido, adoptar uno de ellos y sobre todo permitirse compartir momentos memorables y altas dosis de ternura hasta el final de los días. (Fin / Deisy A. Rodríguez Lagos).

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